Mi Tio German


     German Dario Salazar Grau nació el 18 de junio de 1952 y falleció el 16 de diciembre de 2024 a sus 

72 años. Fue un hombre de familia, muy trabajador, deportista y gran proveedor. Recuerdo que me 

contó que unos de sus trabajos, era el mejor manejando el montacargas, también fue técnico en 

reparación de elevadores, y por supuesto, en una empresa extranjera de donde se jubiló. Fue líder de 

sindicato y hasta manejó taxi y MetroBus una temporada. Tenía cada historia y casi nunca se le veía de 

mal humor, al contrario, siempre tenía una sonrisa en los labios. Cuando era joven le gustaba el trago 

fuerte, pero últimamente se le veía más con unas cervecitas Balboa Ice o las que hubiese. Cada vez que 

algo se dañaba, ya sea un televisor, un radio, un abanico, control remoto, puertas, sillas, él se ingeniaba 

para arreglarlo, cualquier cosa, era muy hábil. Una de sus frases era que nadie sabe cuándo uno se iba 

pa honduras. Le gustaba estar al día con la jerga de la juventud, algún pregón nuevo que había

 escuchado de su nieta o de alguna persona que los visitaba, él tenía que ser el primero en utilizarla. Una

que recuerdo es Busca tu Norte.

     Nuestra mejor anécdota fue cuando con mi tía Mara, me llevaron a una semana santa en Macaracas

 cuando yo tenia 9 o 10 años. Pues yo me pasaba la semana entera jugando y comiendo todo tipo de

 frutas, desde guaba, marañón, guineo, sandía, guanábana, mangos, ciruelas. Yo estaba en el paraíso y

 cuando me dijeron que al día siguiente nos regresábamos a la capital, quise comer de todo, y hasta

 puerco con sandía mezclé. Esa noche empezaron a echar cuentos de tulivieja y quien sabe que otra

 fábula de terror. Me acosté a dormir en el catre y como a las 3 de la mañana me dio que dolor de

 barriga, traté de aguantar pero las ganas de hacer del 2 era muy grandes. El problema era que el baño de

 letrina quedaba afuera y en esa oscuridad empecé a imaginarme cualquier historia de horror, así que

 decidí despertar a mi tío German, para que me acompañara pero estaba bien dormido. Ya no aguantaba

 más y al final se despertó y me dijo, “oye pero caga afuerita en la zanja”. Esa idea que me dio, me

 iluminó la vida y aún con algo de susto salí e hice lo que tenía que hacer y me limpié con el calzoncillo.

 Al día siguiente, mi tío se levantó primero y le había echado tierra a la caca, y yo con que pena que creo

 que ni hablé en el camino a la city.

     Hubo una época donde iba a la piscina de Rio Abajo y nadaba lento pero las suficientes brazadas

 para considerarse ejercicio. 

     Descansa en paz Germanzón, te nos adelantaste, que Dios te tenga en la

 Gloria.






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